Quiero mostraros la otra cara del Ironman.
Esa que no se escribe en mayúsculas, personas anónimas.
Esas que no ganan carreras, que no tienen ruedas ni bicicletas de miles de euros. Esas personas que que hacen esto porque les gusta, por el orgullo de acabar, de disfrutar, de dedicárselo a su familia o seres más queridos.
Cada persona es una historia distinta, un ejemplo de superación distinto, que sólo con ser finisher son felices. Lo disfrutan como el que más, lo sufren como el que más… Venir a un Ironman, aunque sea a verlo, merece la pena por poder animar a esta gente entrar en meta. Ver sus caras, la cara de su gente, es algo que no tiene precio.
Siento si las fotos no son muy buenas, acaba de terminar y tampoco estaba con la mente muy despejada para tomar planos desde otros puntos de vista (vamos, que no me podía ni agachar).
Las 4 pulseras que dan acceso a la gloria.

Esa es la meta que todos queríamos cruzar, ver nuestro nombre arriba.

Esta es la curva previa, dónde aún no ves lo que te espera al entrar en meta.

Hay gente que no puede ocultar su alegría

Ya que pisar esta alfombra tiene algo de mágico, como si fuera un sueño.. al menos así es como los días siguientes lo recuerdas.

Aupa!

Pero también crea grandes amistades, que te hace sufrir junto a ellas y disfrutar también del éxito junto a ellas

Hay gente que recorre el camino sólo para entrar de la mano de sus hijos..



O de esa persona especial


Buscar su mirada cómplice y hacerlos partícipes de su éxito y esfuerzo.
Y otras miradas, simplemente irradian felicidad:

Recorrer ese pasillo lleno de gente y aplausos pone la piel de gallina desde fuera… Desde dentro doy fe que mucho más aún.


Despertar de un sueño.

La gente no paraba de animar. Increíble! Tras más de 14 horas allí seguía mucha gente animando.

Frankfurt, ese es el lugar.

Esas personas anónimas agradecen que les hagas una foto, que les animes. A pesar de estar agotados te dan la mejor de sus sonrisas.



O incluso te animan ellos a ti, dejándote de piedra.

Miles de voluntarios alrededor.

Que no sólo te ayudan y te dan bebida y comida, sino que te animan y apoyan en cada paso como el que más, con una sonrisa siempre lista.
Y sobre todo, el ronman es para todas las edades. Ahí les teneís, mayores de 60 años. Quien lo firmara!
Eso sí, no olvidéis que sigue siendo una prueba dónde se sufre, hasta el límite. Sólo hay que saber vivir en ese lado del sufrimiento.

Cruzar esa línea de meta es algo que vale cualquier sacrificio. Es algo impagable e imposible de olvidar.
Al terminar nada nos diferencia, ellos son tan finisher como yo, yo son tan finisher como ellos. Aquí no importa el puesto, aquí importa terminar y llevarte ese recuerdo contigo.